Te habla el hombre que estuvo muerto,
en un limbo gris cuarteado,
flanqueado en todo momento
por muros de huesos helados.

Te habla el hombre al que salvaste
de ser solo un cuerpo tirado.
Tus ánimos fueron oidos
a pesar de mi vasto letargo.

Hoy me aullan las hojas en blanco,
los versos que di por perdidos
y todo el amor desbocado
que te debo por ser mi delirio.