No nos quedó nada,
lo gastamos todo en la mañana,
como si el fin de los días
nos pisara los talones
y el universo fuera solo tu cama.

No nos quedó nada,
cruzamos con unos pasos la raya,
nos destrozamos los cuerpos
con ojos como puñales
y lenguas repletas de lava.

Del placer desmedido,
derrochado por ti y por mí,
no nos quedó nada.