Pueden lloverte un centenar de pretendientes,
formar caudalosos rios, confluir en mares,
y chocar una y otra vez en tus arrecifes
y no cejar en el intento de estrellarse.

Puede que se organicen en gran ejército
marchando al redoblar de su tambor
e intenten escalar por tus murallas
tratando de encontrar tu corazón.

Mas no saben que todo es en vano,
pues tu y yo nos hemos perdido
en un nuevo mundo inventado.

Tú eres cortesana en el limbo
y yo trovador que cantando
te saca alegría y suspiros.